Ted: Escogiste al tío equivocado
Stella:Ted...
Ted:Esogiste al tío equivocado. Realmente has hecho una muy mala elección. ¿En qué estabas pensando? ¿Ese tío? ¿Estás bromeando? ¿No has aprendido nada en los ultimos ocho años? Te vas a arrepentir de esto. Lo sabes ¿verdad? Te vas a arrepentir de esto, y ahora no hay nada que puedas hacer.
Porque es demasiado tarde...Todo lo que puedes hacer ahora es subir allí y comenzar tu cutre, decepcionante vida que nunca será ni de lejos tan feliz como la que podrías haber tenido conmmigo.
Adios.
Stella: Ted, espera.
Ted:Mira, Stella, no estoy aquí para recuperarte. Yo estoy aquí porque yo necesito saber que lo sabes.Has cometido el error más grande de tu vida.
Stella: Lo sé.
Ted:Bien.
domingo 9 de noviembre de 2008
miércoles 27 de agosto de 2008
La Frontera
Todos tenemos momentos en la vida en los que, cuando creíamos que teníamos todo controlado, nos damos cuenta de que realmente nunca habíamos estado tan perdidos. En unos días, se puede desplomar ante nosotros todo lo que con mucho o poco esfuerzo, consciente o inconscientemente, habíamos construído.
Primero está allí el fin de una etapa que, en un sentido muy general, ha durado algo así como 15 años. Quizás no es pena, pero sí miedo. No sabemos qué puede haber después, con cuántos problemas vamos a encontrarnos, cuánta gente va a permanecer a nuestro lado ni de qué modo. Hacemos promesas, pero sabemos que son palabras en cierto modo vacías.
De hecho, promesas como estas nos llevan a otro problema, el que parece más duro, lo que demuestra que aún nos queda muchísimo por vivir. Esta etapa, aunque mucho más corta que la anterior, ha comprendido los 5 años clave, los que nos han convertido en quienes somos, y en los que seremos. Nunca se entiende del todo una ruptura hasta que se vive, y comprendemos que todo lo que habíamos imaginado, lejos de ser una exageración, se quedaba bastante corto. Ahora nos es imposible pensar que haya algo peor que conocer lo mejor de la vida, disfrutarlo, saborearlo tanto que hasta cuesta creer que es verdad y que de un día para otro nos encontremos solos, quedando de lo que nos hizo considerarnos los más afortunados del mundo poco más que un recuerdo. Y pensamos que es imposible que el dolor desaparezca nunca, que el fantasma de los buenos tiempos nos acabará matando, que nunca podrá haber nadie que nos haga sentir más de lo que ya sentimos; en definitiva, que hemos alcanzado demasiado pronto la cima de la felicidad y que ahora sólo queda la bajada. Nos parece que el tiempo se recreara, que pasara muchó más despacio de lo que debería en estas circunstancias. Nos sentimos traicionados, porque dimos todo de lo que fuimos capaces y finalmente fuimos rechazados; nos amaron muchísimo y amamos muchísimo, más de lo que la mayoría lo harán, y una de las dos partes decidió que todo eso no valía nada. De repente, descubrimos que todo lo que necesitábamos para vivir era esa persona, pero después de tanto tiempo, y sin que podamos llegar a entenderlo nunca, nos ha dejado de querer y nunca estuvo más lejos de ser mutuo ese sentimiento.
Quizás esto estaba muerto desde hace mucho, es posible que no quisiéramos verlo. Pero pusimos todas nuestras ganas, nuestra ilusión y soportamos más de lo que éramos capaces, y todo para nada. Buscamos culpables: a nosotros, porque algo debimos hacer mal para que dejaran de querernos; al otro, que no quiso luchar. Y vemos, que al final, nada de eso importa, solo importa que se ha acabado, que estamos solos, y que un día nos encontramos más animados, más frustrados, más cabreados, pero nunca completos. Adoptamos mil y una formas de comportarnos con el contrario: caemos en la desesperación, en las estrategias, en la resignación, en la indiferencia, en hacernos las víctimas, en la autocompasión,...y nada sirve, porque sólo queremos que esto haya sido un mal sueño. Que nos despertemos un día, y sigamos formando parte de algo precioso. Buscamos motivos para manchar el recuerdo, y los encontramos, pero no es suficiente. Queremos odiar con toda la furia de la que es capaz un ser humano a quien nos ha destrozado por dentro, y somos incapaces: nos pese lo que nos pese, siempre será la persona más maravillosa del mundo a nuestros ojos.
Nuestros amigos nos intentan convencer de que ambos problemas pueden ser realmente la solución; empezar una vida nueva, con gente nueva. Ser quienes queramos ser, no importa lo que hayamos sido antes. Encontramos pequeñas ilusiones que nos hacen seguir adelante, nuevos retos, nuevas responsabilidades. Al fin y al cabo, lo que da algo de sentido a nuestra vida, lo que podemos aportar al mundo. Para lo que estamos hechos.
Y es que nos encontramos en La Frontera. Y quizás todo lo que se está derrumbando fuera un estorbo y ahora pueda dejarnos ver el camino con mucha más claridad.
Es muy posible que esto sea el comienzo de nuestra decadencia, pero todavía es más probable que sea el primer día del resto de nuestra vida.
Primero está allí el fin de una etapa que, en un sentido muy general, ha durado algo así como 15 años. Quizás no es pena, pero sí miedo. No sabemos qué puede haber después, con cuántos problemas vamos a encontrarnos, cuánta gente va a permanecer a nuestro lado ni de qué modo. Hacemos promesas, pero sabemos que son palabras en cierto modo vacías.
De hecho, promesas como estas nos llevan a otro problema, el que parece más duro, lo que demuestra que aún nos queda muchísimo por vivir. Esta etapa, aunque mucho más corta que la anterior, ha comprendido los 5 años clave, los que nos han convertido en quienes somos, y en los que seremos. Nunca se entiende del todo una ruptura hasta que se vive, y comprendemos que todo lo que habíamos imaginado, lejos de ser una exageración, se quedaba bastante corto. Ahora nos es imposible pensar que haya algo peor que conocer lo mejor de la vida, disfrutarlo, saborearlo tanto que hasta cuesta creer que es verdad y que de un día para otro nos encontremos solos, quedando de lo que nos hizo considerarnos los más afortunados del mundo poco más que un recuerdo. Y pensamos que es imposible que el dolor desaparezca nunca, que el fantasma de los buenos tiempos nos acabará matando, que nunca podrá haber nadie que nos haga sentir más de lo que ya sentimos; en definitiva, que hemos alcanzado demasiado pronto la cima de la felicidad y que ahora sólo queda la bajada. Nos parece que el tiempo se recreara, que pasara muchó más despacio de lo que debería en estas circunstancias. Nos sentimos traicionados, porque dimos todo de lo que fuimos capaces y finalmente fuimos rechazados; nos amaron muchísimo y amamos muchísimo, más de lo que la mayoría lo harán, y una de las dos partes decidió que todo eso no valía nada. De repente, descubrimos que todo lo que necesitábamos para vivir era esa persona, pero después de tanto tiempo, y sin que podamos llegar a entenderlo nunca, nos ha dejado de querer y nunca estuvo más lejos de ser mutuo ese sentimiento.
Quizás esto estaba muerto desde hace mucho, es posible que no quisiéramos verlo. Pero pusimos todas nuestras ganas, nuestra ilusión y soportamos más de lo que éramos capaces, y todo para nada. Buscamos culpables: a nosotros, porque algo debimos hacer mal para que dejaran de querernos; al otro, que no quiso luchar. Y vemos, que al final, nada de eso importa, solo importa que se ha acabado, que estamos solos, y que un día nos encontramos más animados, más frustrados, más cabreados, pero nunca completos. Adoptamos mil y una formas de comportarnos con el contrario: caemos en la desesperación, en las estrategias, en la resignación, en la indiferencia, en hacernos las víctimas, en la autocompasión,...y nada sirve, porque sólo queremos que esto haya sido un mal sueño. Que nos despertemos un día, y sigamos formando parte de algo precioso. Buscamos motivos para manchar el recuerdo, y los encontramos, pero no es suficiente. Queremos odiar con toda la furia de la que es capaz un ser humano a quien nos ha destrozado por dentro, y somos incapaces: nos pese lo que nos pese, siempre será la persona más maravillosa del mundo a nuestros ojos.
Nuestros amigos nos intentan convencer de que ambos problemas pueden ser realmente la solución; empezar una vida nueva, con gente nueva. Ser quienes queramos ser, no importa lo que hayamos sido antes. Encontramos pequeñas ilusiones que nos hacen seguir adelante, nuevos retos, nuevas responsabilidades. Al fin y al cabo, lo que da algo de sentido a nuestra vida, lo que podemos aportar al mundo. Para lo que estamos hechos.
Y es que nos encontramos en La Frontera. Y quizás todo lo que se está derrumbando fuera un estorbo y ahora pueda dejarnos ver el camino con mucha más claridad.
Es muy posible que esto sea el comienzo de nuestra decadencia, pero todavía es más probable que sea el primer día del resto de nuestra vida.
lunes 28 de julio de 2008
La vida da triples mortales
Cuando tenia 9 años mis padres decidieron mudarse y me tuve que cambiar de colegio. Aunque era un sitio bastante peculiar, guardo muy buenos recuerdos y, claro está, entre ellos, a la gente, los primeros amigos que tuve.
Mi mejor amigo por aquel entonces era uno de estos chavales que pasan desapercibido, con cierta pinta de empollón aunque no recuerdo si lo era o no, que coleccionaba las puntas rotas de los colores para usarlos como lápices de Playmobil (cosa que entonces y ahora me parece una genialidad). El caso es que este chico estaba perdidamente enamorado (o por lo menos, todo lo que lo puede uno estar a esa edad) de otra amiga nuestra, una chica altísima, morena y que siempre me pareció de las más guapas que he conocido nunca; por desgracia, ella sentía bastante menos devoción por él y le daba largas día sí y día también.
Llegó 4º de primaria y me fui del colegio. Con algunos guardé algo de contacto, a una de ellas la sigo viendo aún, pero ellos dos son del grupo del que no supe nada más hasta que el milagro de la tecnología y el memorión para recordar apellidos que Dios me ha dado intervinieron. Hoy los busqué en el Tuenti (que ya me había dado alguna que otra alegría) y el perfil de ella era privado, por lo que le envié un mensaje y seguí buscando nombres. De repente dí con el de él, y cuál fue mi sorpresa al descubrir por sus fotos que casi 10 años después, están juntos y quiero pensar que felices.
Estas cosas tendrían que pasarme todos los días.
Mi mejor amigo por aquel entonces era uno de estos chavales que pasan desapercibido, con cierta pinta de empollón aunque no recuerdo si lo era o no, que coleccionaba las puntas rotas de los colores para usarlos como lápices de Playmobil (cosa que entonces y ahora me parece una genialidad). El caso es que este chico estaba perdidamente enamorado (o por lo menos, todo lo que lo puede uno estar a esa edad) de otra amiga nuestra, una chica altísima, morena y que siempre me pareció de las más guapas que he conocido nunca; por desgracia, ella sentía bastante menos devoción por él y le daba largas día sí y día también.
Llegó 4º de primaria y me fui del colegio. Con algunos guardé algo de contacto, a una de ellas la sigo viendo aún, pero ellos dos son del grupo del que no supe nada más hasta que el milagro de la tecnología y el memorión para recordar apellidos que Dios me ha dado intervinieron. Hoy los busqué en el Tuenti (que ya me había dado alguna que otra alegría) y el perfil de ella era privado, por lo que le envié un mensaje y seguí buscando nombres. De repente dí con el de él, y cuál fue mi sorpresa al descubrir por sus fotos que casi 10 años después, están juntos y quiero pensar que felices.
Estas cosas tendrían que pasarme todos los días.
domingo 29 de junio de 2008
Marvel lo pone todo en orden
Desde que comenzó el boom de las películas de superhéroes, hemos asistido a algunos intentos fallidos de adaptaciones de comic al cine, y probablemente uno de los ejemplos más claros fue Hulk, que era más un capítulo largo de la serie ''24''. No sé cómo le iría en taquillas, pero no se puede negar que era más mala que un dolor. También es comprensible: se podría decir que era una de las historias más complicadas para llevar al cine; hay que darle cierta profundidad al personaje de Bruce Banner pero sin pasarse, no olvidemos que es un bicho verde gigante que aplasta todo lo que le cabrea.
Y aquí es cuando Marvel toma las riendas de todos los proyectos de películas sobre comics. Por lo que he oído, pretenden hacer las adaptaciones de Thor, el Capitán América y el Hombre Hormiga, junto con las ya estrenadas Iron Man y Hulk (la nueva) para terminar haciendo la de los Vengadores.
Personalmente no sé cómo acabará esto (espero que bien), pero tanto Iron Man como Hulk (repito, la nueva) me han dejado con buen sabor de boca. La segunda, que es la que tengo más reciente, presentaba claras mejorías respecto a la primera: muchas referencias, efectos especiales tremendos y una narración espectacular (en apenas 3 minutos te enteras de los comienzos de Hulk).
Eso sí, lo de ''ataque Hulk'' es para matar a los traductores...
Y aquí es cuando Marvel toma las riendas de todos los proyectos de películas sobre comics. Por lo que he oído, pretenden hacer las adaptaciones de Thor, el Capitán América y el Hombre Hormiga, junto con las ya estrenadas Iron Man y Hulk (la nueva) para terminar haciendo la de los Vengadores.
Personalmente no sé cómo acabará esto (espero que bien), pero tanto Iron Man como Hulk (repito, la nueva) me han dejado con buen sabor de boca. La segunda, que es la que tengo más reciente, presentaba claras mejorías respecto a la primera: muchas referencias, efectos especiales tremendos y una narración espectacular (en apenas 3 minutos te enteras de los comienzos de Hulk).
Eso sí, lo de ''ataque Hulk'' es para matar a los traductores...
martes 24 de junio de 2008
Los adolescentes, esos criminales natos
Por ninguna razón en particular, mis amigos y yo, en general, no somos personas a las que nos atraiga demasiado ni la droga ni el alcohol. Sí que es verdad que si salimos solemos beber algo y alguno que otro tomará la sustancia que le apetezca, pero no somos amigos de los excesos.
Sea como fuere, ayer nos reunimos un grupo de gente en la playa (la Victoria, más concretamente) para pasar el rato por allí. Lo típico, nos llevamos cartas, estuvimos charlando un rato,...y a 50 metros, unos chavales habían hecho una hoguera y la estaban saltando. No nos vamos a engañar, era un espectáculo casi tan divertido como patético, porque ver como unos tíos se queman el culo por no tener en cuenta la dirección del viento (que anoche era más que evidente) te hace sospechar que igual no van a ser los futuros grandes médicos y pensadores del país (o sí?).
Total, que después de apagarnos las luces a las 12, medida que si pretende echar a la gente de la playa fracasa estrepitosamente, de hecho, algunas parejas de nuestro alrededor seguro que lo agradeció, a la una de repente surgieron policías de todos lados así, a la americana, y con esa humildad y saber estar que les caracteriza nos sueltan : ''venga, chavales, vamos desalojando''.
Podría entender que echaran a los de la hoguera, que tampoco, porque yo me eprdí los juanillos y como sustitutivo no estaba mal, pero... ¿a nosotros? Que por no llevar encima no llevábamos ni una triste bolsa de patatas, que estábamos jugando a un juego de estos chorras que te enseñan en los campamentos cuando eres chico, que lo más llamativo que llevábamos podía ser la esterilla/bandera del orgullo gay de Juanma (admitámoslo, la esterilla tenía que aparecer en la historia por algún lado).
Hubo un grupo que pasó de los policías y se quedo allí; ellos evidentemente no le pudieros decir nada más. Nosotros nos largamos porque no queríamos movidas de ningún tipo.
Sin embargo, esto deja algo muy claro: en Cádiz el único lugar que el Ayuntamiento quiere para los jóvenes por la noche es necesariamente la Punta. Que sí, que está bien ir de vez en cuando a bailar y a tomar algo, pero aguantar a una masa de niñatos borrachos que soban lo que pueden, escuchar la misma mierda de música una y otra vez y, en definitiva, que nos metan como ovejas en un lugar que está donde Cristo perdió la chancla para tenernos a todos vigilados, eso, todos los fines de semana, termina cansando.
Pero eso somos los jóvenes en Cádiz, un estorbo criminal.
Sea como fuere, ayer nos reunimos un grupo de gente en la playa (la Victoria, más concretamente) para pasar el rato por allí. Lo típico, nos llevamos cartas, estuvimos charlando un rato,...y a 50 metros, unos chavales habían hecho una hoguera y la estaban saltando. No nos vamos a engañar, era un espectáculo casi tan divertido como patético, porque ver como unos tíos se queman el culo por no tener en cuenta la dirección del viento (que anoche era más que evidente) te hace sospechar que igual no van a ser los futuros grandes médicos y pensadores del país (o sí?).
Total, que después de apagarnos las luces a las 12, medida que si pretende echar a la gente de la playa fracasa estrepitosamente, de hecho, algunas parejas de nuestro alrededor seguro que lo agradeció, a la una de repente surgieron policías de todos lados así, a la americana, y con esa humildad y saber estar que les caracteriza nos sueltan : ''venga, chavales, vamos desalojando''.
Podría entender que echaran a los de la hoguera, que tampoco, porque yo me eprdí los juanillos y como sustitutivo no estaba mal, pero... ¿a nosotros? Que por no llevar encima no llevábamos ni una triste bolsa de patatas, que estábamos jugando a un juego de estos chorras que te enseñan en los campamentos cuando eres chico, que lo más llamativo que llevábamos podía ser la esterilla/bandera del orgullo gay de Juanma (admitámoslo, la esterilla tenía que aparecer en la historia por algún lado).
Hubo un grupo que pasó de los policías y se quedo allí; ellos evidentemente no le pudieros decir nada más. Nosotros nos largamos porque no queríamos movidas de ningún tipo.
Sin embargo, esto deja algo muy claro: en Cádiz el único lugar que el Ayuntamiento quiere para los jóvenes por la noche es necesariamente la Punta. Que sí, que está bien ir de vez en cuando a bailar y a tomar algo, pero aguantar a una masa de niñatos borrachos que soban lo que pueden, escuchar la misma mierda de música una y otra vez y, en definitiva, que nos metan como ovejas en un lugar que está donde Cristo perdió la chancla para tenernos a todos vigilados, eso, todos los fines de semana, termina cansando.
Pero eso somos los jóvenes en Cádiz, un estorbo criminal.
domingo 15 de junio de 2008
"El día de la victoria" y otras genialidades
Quien diga que las misas son aburridas miente como un maldito bellaco.
Hoy por distintas circunstancias he tenido que ir a una Eucaristía y, para qué vamos a negarlo, simplemente por eso ya entré en la Iglesia algo susceptible. Cuidado, ni mucho menos soy atea, aunque esa posición es más que respetable. Yo creo en muchísimas cosas, todas muy personales, pero evidentemente no creo en instituciones que se niegan a evolucionar, manteniendo posturas arcaicas y en muchas ocasiones, contradictorias.
Y es por eso que hoy, en lo que tenía que haber sido un homenaje a ciertas personas que han colaborado durante muchísimos años en una parroquia, hemos asistido los allí presentes y la servidora a un monográfico sobre un párroco de 90 años que nos ha relatado su vida con pelos y señales.
Además de tener la oportunidad de verlo como un partido del plus gracias a los (siempre modestos, claro) pantallones que había a ambos lados de la iglesia, he sido testigo de un monólogo de autobombo humorístico a la vez que inquietante de media hora sobre aquel caballero, y, entre otras muchas cosas, de cómo vivió él el día que acabó la Guerra. Perdón, quise decir, ''el día de la victoria''. Claro está, humorístico era lo que me parecía a mí, porque él hablaba totalmente en serio.
Así es como me gusta la Iglesia, con grandes valores cristianos.
Dios ama a los humildes de corazón, ¿no era así?
Hoy por distintas circunstancias he tenido que ir a una Eucaristía y, para qué vamos a negarlo, simplemente por eso ya entré en la Iglesia algo susceptible. Cuidado, ni mucho menos soy atea, aunque esa posición es más que respetable. Yo creo en muchísimas cosas, todas muy personales, pero evidentemente no creo en instituciones que se niegan a evolucionar, manteniendo posturas arcaicas y en muchas ocasiones, contradictorias.
Y es por eso que hoy, en lo que tenía que haber sido un homenaje a ciertas personas que han colaborado durante muchísimos años en una parroquia, hemos asistido los allí presentes y la servidora a un monográfico sobre un párroco de 90 años que nos ha relatado su vida con pelos y señales.
Además de tener la oportunidad de verlo como un partido del plus gracias a los (siempre modestos, claro) pantallones que había a ambos lados de la iglesia, he sido testigo de un monólogo de autobombo humorístico a la vez que inquietante de media hora sobre aquel caballero, y, entre otras muchas cosas, de cómo vivió él el día que acabó la Guerra. Perdón, quise decir, ''el día de la victoria''. Claro está, humorístico era lo que me parecía a mí, porque él hablaba totalmente en serio.
Así es como me gusta la Iglesia, con grandes valores cristianos.
Dios ama a los humildes de corazón, ¿no era así?
martes 10 de junio de 2008
A-LE-MA-NES!
Estas semanas son un sí pero no. Cuando parecía que todo había terminado, llega Selectividad, y el rotundo ''a mí? a mi no me hace falta estudiar!!'' se convierte progresivamente en ''Ves? si me acuerdo de todo...menos de esto'' para terminar en ''Yo de esto no había oído hablar en mi vida''.
Y algo muy malo hemos tenido que hacer porque el karma nos la está jugando: vaya tiempo de perros ha hecho todo el curso menos ahora. Qué solazo, madre mía, que playa más...tentadora.
Y allá voy yo a la biblioteca de Filosofía y letras a estudiar cada tarde, con un recorrido bajo el sol de justicia que invita a todo menos al estudio, evitando la Caleta como si la vida me fuera en ello. Pero, quién lo diría, allí es donde, a menos que encuentre una posición estratégica, más distracciones se me presentan. Entrando y saliendo, pasando, cambiándole los géneros a las palabras,...
Sí. Los erasmus deberían estar encerrados en sus casas mientras yo estoy estudiando. Qué bonicos son tós, madre mía, hasta los rubiales que parecen niñas victorianas.
Y algo muy malo hemos tenido que hacer porque el karma nos la está jugando: vaya tiempo de perros ha hecho todo el curso menos ahora. Qué solazo, madre mía, que playa más...tentadora.
Y allá voy yo a la biblioteca de Filosofía y letras a estudiar cada tarde, con un recorrido bajo el sol de justicia que invita a todo menos al estudio, evitando la Caleta como si la vida me fuera en ello. Pero, quién lo diría, allí es donde, a menos que encuentre una posición estratégica, más distracciones se me presentan. Entrando y saliendo, pasando, cambiándole los géneros a las palabras,...
Sí. Los erasmus deberían estar encerrados en sus casas mientras yo estoy estudiando. Qué bonicos son tós, madre mía, hasta los rubiales que parecen niñas victorianas.
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